Instalar aerotermia con suelo radiante es una de las combinaciones más eficientes en vivienda, porque el suelo radiante trabaja con temperaturas de agua bajas y estables, justo donde una bomba de calor rinde mejor. Pero para que funcione “fino” no basta con elegir un buen equipo: hay que cuidar el diseño hidráulico, el control (curva climática), el equilibrado de circuitos y, si también hay refrescamiento, el control de condensación.
Funcionamiento de aerotermia con suelo radiante
En un sistema aire-agua, la aerotermia produce agua a una temperatura objetivo y la envía al colector del suelo radiante. El suelo reparte ese calor de forma uniforme mediante circuitos. La clave está en que, al necesitar menos temperatura que radiadores convencionales, el sistema suele consumir menos para dar el mismo confort.
El rendimiento mejora cuando el sistema trabaja con impulsiones bajas y funcionamiento continuo y estable.
Requisitos para que la instalación funcione bien
Aislamiento y pérdidas térmicas
El suelo radiante puede calentar muy bien, pero no hace magia: si la vivienda pierde mucho calor, pedirás más potencia y/o más temperatura, y se notará en consumo. Lo importante es dimensionar con pérdidas realistas y no “a ojo”.
Diseño del suelo radiante (circuitos y colectores)
- Separación de tubo y longitud de circuitos coherentes para no forzar caudales.
- Número de circuitos correcto por estancia y por superficie.
- Colector accesible para equilibrado y mantenimiento.
- Equilibrado previsto desde el diseño (no “ya lo tocaremos luego”).
Control: sonda exterior y curva climática
La regulación con curva climática suele ser la que más mejora confort y consumo:
- ajusta la temperatura del agua según la temperatura exterior,
- evita picos y sobretemperaturas,
- y hace que el suelo trabaje suave y constante.
Si hay refrescamiento: control de condensación
En modo refrescante, el suelo puede enfriar, pero hay que cuidar el punto de rocío. Un control correcto usa medición de humedad/temperatura y limita impulsión para evitar condensaciones.
Refrescar no es “bajar temperatura sin más”: se diseña para evitar condensación y mantener confort.
Instalación: pasos reales (de obra a puesta en marcha)
1) Diagnóstico y diseño del conjunto
- cálculo o estimación sólida de cargas,
- definición de zonas (si aplica),
- esquema hidráulico y control (curva climática, termostatos, lógica de demanda),
- decisiones sobre estabilidad hidráulica (según configuración).
2) Montaje del suelo radiante
- aislamiento y banda perimetral bien ejecutados,
- tubería, fijación y trazado según diseño,
- prueba de estanqueidad,
- ejecución de recrecido/solera con criterios (para no dañar el sistema).
3) Instalación de aerotermia y conexiones
- ubicación correcta de unidad exterior (ventilación, vibraciones, accesos, drenaje de condensados),
- conexión hidráulica al colector (y elementos de seguridad/control),
- conexión eléctrica y protecciones,
- configuración inicial del control (temperaturas, curva, horarios y prioridades).
4) Llenado, purga y equilibrado de circuitos
Esta fase suele separar una instalación profesional de una “funciona pero no me convence”:
- purga real (aire fuera de cada circuito),
- caudales ajustados por circuito en colector,
- verificación de temperaturas y estabilidad,
- ajuste fino de curva climática con uso real (1–2 semanas).
- Confort estable sin picos.
- Suelo templado de forma uniforme (sin zonas frías “raras”).
- La máquina no hace ciclos cortos continuos.
- Curva climática activa y ajustada.
Costes de instalar aerotermia con suelo radiante
El coste depende de proyecto y vivienda. Lo que más lo mueve suele ser:
- superficie y número de estancias/circuitos,
- si es obra nueva o reforma (demoliciones, recrecidos, alturas),
- nivel de zonificación y control,
- si incluye ACS y acumulación,
- calidad de puesta en marcha y ajuste.
Pide que indiquen temperaturas de trabajo previstas, cómo se hará el equilibrado y qué incluye la puesta en marcha.
Preguntas frecuentes sobre instalar aerotermia con suelo radiante
Sí, y suele ser una de las combinaciones más eficientes porque el suelo radiante trabaja con temperaturas de agua bajas, justo donde la bomba de calor rinde mejor.
Depende del diseño, la vivienda y la temperatura exterior. La clave es que el sistema trabaje con impulsiones moderadas y estables, ajustadas con curva climática para evitar picos.
Sí, pero debe diseñarse y configurarse para evitar condensaciones. Normalmente requiere control del punto de rocío (humedad/temperatura) y límites de impulsión.
El suelo tiene inercia: no es un sistema de “calentar en 10 minutos”. Funciona mejor con estrategia estable (curva climática + horarios coherentes) que con arranques agresivos.
Sí, si se hace con zonas lógicas y sin microzonas que provoquen cierres continuos. La zonificación mal planteada puede generar inestabilidad y peores consumos.
Aire en circuitos, caudales mal equilibrados en el colector, longitudes de circuito mal ajustadas o un diseño con poca emisión en ese punto. Lo primero es purga y equilibrado, antes de tocar consignas.
Purgar bien, equilibrar caudales por circuito y ajustar curva climática con uso real durante 1–2 semanas. Esa fase suele marcar el “va perfecto” frente al “funciona pero…”.
Depende del esquema hidráulico, del volumen de agua y de la estabilidad de demanda. No es obligatorio siempre; se valora caso a caso para evitar ciclos cortos y mejorar estabilidad.